En este contexto llega a Pekín Calaf, príncipe exiliado de Tartaria, quien se reencuentra inesperadamente con su padre, el rey destronado Timur, y con la fiel sirviente Liù, enamorada de él en silencio. Durante una ejecución pública, Calaf ve por primera vez a Turandot y queda cautivado por su figura. A pesar de las súplicas y advertencias, decide aceptar el desafío.