Hay algo elegiaco en estas dos mujeres. Unas promesas devastadas desvanecieron sus destinos. Hicieron de su corazón una roca desde las que afrontar todo tipo de carencias y adversidades, las propias de la existencia y las del que parece un apagón tecnológico, metáfora del gran ocaso de occidente. Aferradas a su precaria realidad, a unos puestos de trabajos inútiles desvinculados de cualquier actividad social. Se guarecen en unarutina absurda en un simulacro de existencia, donde parece que sólo e
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